Una revisión sobre la experiencia democrática en
el país nos describiría un cataclismo y nos daría a la vez, con un salto
atlético, una longeva conformación de progresos democráticos; y en el medio de
ambas cosas, justo allí, una larga fluctuación hallada en décadas de una corta
vida republicana. Los que por megalomanía nos presumimos académicos siempre
llegamos a la conclusión de que nuestra amada sociedad está en una crisis
constante, pudiéramos concordar que en la joven historia no conseguimos los
elementos de génesis que forjaron nuestros lazos relacionales para con lo
público y he allí el mayor estancamiento de nuestros avances y la mayor preocupación de nuestros retrocesos.
En abstracción, esta odisea no es única en el mundo, ni tampoco en el tiempo.
“Una gran revolución democrática se palpa entre nosotros. Todos la ven;
pero no todos la juzgan de la misma manera. Unos la consideran como
una cosa nueva y, tomándola por un accidente, creen poder detenerla
todavía; mientras otros la juzgan indestructible, porque les parece el
hecho más continuo, el más antiguo y el más permanente que se conoce
en la historia.” Tocqueville, La democracia en América.
Los venezolanos íbamos en un barco, roído en su
caparazón por mal uso, todos fraternamente hacinados con calor y perdidos en
ultramar, aún en esas condiciones preservábamos la caribeña costumbre de hacer
un bonche en cubierta, aturdidos por las condiciones y mareados por las resacas
elegíamos a capitanes que viraban cada cual al mejor punto cardinal, virajes
que unidos derivaron en las coordenadas perfectas para llegar a un triángulo de
las bermudas, en esa situación estamos.. un montón de mestizos aferrados a los
restos del navío intentando llegar como cardumen, como sociedad, a alguna isla
cercana para ver cómo nos instalamos a construimos otro barco, elegir un buen
capitán con una buena tripulación y partir al bienestar social.
Lo metafórico anterior sin mucha perspicacia
describe el naufragio en el que estamos, las variables democráticas colapsan y
parecen conquistas olvidadas de antaño; dos cimientos para una buena democracia
padecen: nuestro estatus como república se menciona escasamente y su
advenimiento en otroros tiempos de independencia fue olvidado; nuestro carácter
federal no es bastión de loable lucha a pesar de que fue inexorable en la
incipiente conformación nacional.
En la conciencia del venezolano pareciera que de forma noble solo se conserva como valor democrático el ejercicio efectivo del voto para elegir puestos de mera representación, hay poca transparencia en la información sobre las decisiones y los fondos de las instituciones del Estado, la libertad de prensa está cada vez más autocensurada, la separación de poderes es cuando menos insípida y el estado de derecho está vulnerado por el decadente sistema judicial. Pero ¿qué hay de la población? hay que escrutar con cuidado en el imaginario colectivo para saber dónde está el ejercicio de ciudadanía para la participación en la fiscalización y contraloría de la administración pública, a la par de esta ausencia de participación se fortalece la figura de las organizaciones del poder popular como dependientes en financiamiento y organización del Estado, olvida, al contrario tenemos el escaso número de organizaciones civiles independientes gozan escaso margen de maniobra.
Recibimos
embates y difícilmente arribaremos, por lo momentos, al climax democrático. Como
es reconocido, en las épocas más oscura de los militarismos y autocracias demagógicas
latinoamericanas, Venezuela y su democracia con profundos defectos pero con
amplias conquistas, siempre fue un faro cuyo lumen figuraba un estandarte de
sólido ejemplo a las demás naciones, hoy en día mientras otras naciones avanzan
en aristas más que todo institucionales, nosotros nos flaqueamos por emotividad
sintiendo “un despertar ciudadano, por un constante ejercicio del voto,
conquista ya ortodoxa he allí nuestro triste retroceso.
“El fortalecimiento de las instituciones políticas requiere la creación de un Poder Legislativo más eficaz y sensible, un Poder Judicial más independiente y una administración más responsable.”Koffi Anam – “Los valores éticos de la democracia” Isla de Margarita, VII cumbre iberoamericana de jefes de estado y de gobierno, 1997.